Real Estate market

La posible quiebra del gigante chino Evergrande, la promotora inmobiliara más endeudada del mundo, es solo un aviso de los riesgos que acechan actualmente al negocio del real estate. El mercado de la vivienda se calienta —o recalienta— y en algunos países del globo y aumenta el riesgo de nuevas burbujas inmobiliarias.

La asfixiante subida del precio de las casas —no así de los salarios de los ciudadanos— ha empujado a algunos países a caminar en la cuerda floja. Los precios de la vivienda en los países de la OCDE han aumentado un 9,5% desde el primer trimestre de 2020 hasta el mismo periodo de 2021, su ritmo más alto en 30 años. En el conjunto de la Unión Europea, el precio registró de enero a marzo una subida interanual del 6,1%, lo que representa el mayor incremento desde 2007.

La pandemia ha sido la tormenta perfecta. La amplia liquidez por unos estímulos fiscales y monetarios nunca vistos antes, que han sido capaces de mantener en pie la economía global, el ingente ahorro acumulado por las familias desde el comienzo de la pandemia, los bajos tipos de interés que favorecen el endeudamiento y las expectativas de una sólida recuperación en la economía están contribuyendo a calentar los motores de algunos mercados inmobiliarios. Sin olvidar la escasez de oferta, debido a que la construcción de casas en todo el mundo está anémica, por la falta de mano de obra y de materiales y el alza de los costos de construcción.

Nueva Zelanda, Canadá y Suecia son los mercados inmobiliarios con un mayor riesgo de burbuja, según los indicadores de Bloomberg, en cuyo análisis dice haber detectado signos de alarma de una intensidad no vista desde los inicios de la crisis financiera de 2008. Noruega, Reino Unido, Dinamarca y Estados Unidos también lanzan señales preocupantes. Les siguen Bélgica, Austria, Francia…

En Estados Unidos, el boom inmobiliario se coló en plena pandemia. El auge de las ventas de casas en abril de 2020 sorprendió a muchos economistas, dado que, al igual que otros sectores de la actividad económica, se esperaba un cierre generalizado. Pero en plena embestida del virus, las ventas se dispararon a medida que los compradores con ahorros suficientes aprovechaban la oportunidad de unas tasas de interés hipotecarias históricamente bajas. En 2020, las ventas de casas construidas alcanzaron su nivel más alto en 14 años, prácticamente desde la crisis de 2007.

Una alta demanda y la escasez de oferta provocaron una escalada en el precio de las viviendas que hoy continúa. Según el índice Case-Shiller, el precio medio en el país subió un 18,6% interanual este pasado junio, lo que supuso el mayor incremento de precios en las últimas tres décadas. Este índice registró un encarecimiento en las 20 urbes más grandes y hasta en nueve ciudades los precios subieron más de un 20%. Phoenix (Arizona), San Diego (California) y Seattle (Washington) lideraron los incrementos con un 29,3%, un 27,1% y un 25%, respectivamente.

El mercado se ha calentado y a ello han contribuido también las políticas monetarias de la Fed, con tasas de interés ancladas en el 0% y la compra de activos para reducir los tipos de interés a largo plazo. Un informe de la Reserva Federal de Nueva York constató que a finales de 2020 se había dado el mayor volumen de la historia de hipotecas a familias con una solvencia más alta que antes de la crisis de 2008. Una diferencia sustancial con respecto a la crisis sistémica de entonces.

Muy pocos en Estados Unidos vieron llegar el crash inmobiliario de hace 15 años. La generosa barra libre de hipotecas baratas a bajo precio, que resultaron ser tóxicas, y la fe inquebrantable del estadounidense en la propiedad privada habían disparado a tasas récord el valor de la vivienda un año tras otro. Hasta que la burbuja pinchó, sentando un dramático precedente que hoy muchos entrevén en el recalentamiento del mercado inmobiliario, incluso durante la pandemia.

Así las cosas, una conjunción de factores —el aumento de precios, un parque inmobiliario escaso y un acusado retraso en la construcción de nuevas viviendas, a consecuencia de la ralentización de 2020— tiene sobre aviso a inversores y expertos, a los que se les plantea una pregunta muy pertinente: ¿se halla Estados Unidos al borde de un nuevo crash? O, al contrario, ¿hay motivos para hablar de boom, con todas sus implicaciones positivas? Son más los que pronostican un batacazo, si no tan sísmico como el de 2008, sí al menos sonoro. Mientras la mayoría de los expertos asegura que el actual boom es insostenible a largo plazo, el riesgo de implosión es, no obstante, menor gracias a lo aprendido en 2008.

En primer lugar, el Congreso y los reguladores federales realizaron ajustes significativos en los requisitos de concesión de hipotecas, con estándares más precisos. En segundo lugar, el panorama de las ejecuciones hipotecarias no es tan dramático como entonces, gracias a las ayudas de los planes de rescate de la Administración, primero con Trump y luego con Biden. Y, en tercer lugar, los analistas esperan una moderación de la demanda por la subida del precio de las hipotecas, que se encontraba esta primavera en máximos desde junio.

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Con informacion de ElPais.com 

 

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