Derrumbe en Miami Beach

El Champlain Towers, la torre que se derrumbó en Miami Beach, atraía a gente de todo el mundo para disfrutar unos días de playa en la costa atlántica de Miami, algunos por una noche, otros vivían allí. Una pareja de Argentina y su hija pequeña. Un maestro retirado de Miami muy querido y su esposa. Judíos de Rusia. Israelíes. La hermana de la primera dama de Paraguay. Y una larga lista de ciudadanos sudamericanos de Argentina, Venezuela y Uruguay.

Ellos y muchos más están entre las casi 150 personas que se considera  desaparecidas un día después de que el edificio de 12 plantas se viniese abajo en la madrugada del jueves. Gran parte de la construcción frente al mar cedió por razones desconocidas y se convirtió en una pila de concreto y metal de más de 10 metros (30 pies) de altura.

La alcalde de Miami, Daniella Levine Cava, dijo este viernes que la cantidad de muertos pasó de 1 a 4, pero se teme que la cifra pueda dispararse por el alto número de desaparecidos. También se reportaron 11 heridos, cuatro de los cuales fueron atendidos en hospitales.

“Estos son momentos muy complicados, y las cosas van a ponerse más difíciles a medida que avancemos”, dijo el director de la policía de Miami-Dade, Freddy Ramírez.

Rescatistas y otros operarios trabajaron durante toda la noche con la esperanza de encontrar sobrevivientes. La causa del derrumbe no se ha determinado aún, dijeron las autoridades.

En videos grabados desde las inmediaciones, parece que el centro del inmueble fue lo primero en caer, seguido, segundos después, por una sección más cercana al mar mientras una enorme nube de polvo engullía el vecindario.

Alrededor de la mitad de los 130 departamentos del edificio se vieron afectados y los rescatistas sacaron al menos a 35 personas entre los escombros en las primeras horas tras la caída, informaron los equipos de rescate.

Raide Jadallah, ayudante del jefe de bomberos de Miami-Dade, explicó que aunque los dispositivos de escucha colocados sobre y en los restos no habían registrado voces, sí captaron posibles ruidos de golpes, dando a los rescatistas la esperanza de que algunos de los desaparecidos sigan vivos. Los equipos estaban entrando a los escombros desde abajo, a través del garaje subterráneo del inmueble, de acuerdo a informes de la agencia Associated Press.

Las pertenencias personales a la vista son la evidencia de las vidas sesgadas entre los restos del Champlain, que se levantó en 1981 en Surfside, un pequeño suburbio al noroeste de Miami. Una cama para niños cuelga de forma precaria en una de las plantas altas, aparentemente a unos centímetros de caer. Un edredón yacía en el borde unos pisos más abajo. Televisores. Computadoras. Sillas.

La familia argentina formada por el doctor Andrés Galfrascoli, su esposo, Fabián Núñez, y su hija de seis años, Sofía, había pasado la noche del miércoles allí, en el departamento de su amigo Nicolás Fernández.

Galfrascoli, un cirujano plástico de Buenos Aires, y Núñez, contador y productor teatral, llegaron a Florida huyendo del repunte de los casos de COVID-19 y de los estrictos confinamientos en Argentina. Habían trabajado duro para adoptar a Sofía, contó Fernández a la agencia AP.

“De todos los días, eligieron el peor para quedarse allí”, dijo Fernández. “Espero que no sea el caso, pero si mueren así, sería muy injusto”.

No son los únicos sudamericanos desaparecidos. Cancillerías y consulados de cuatro países reportaron 22 ciudadanos desaparecidos en el derrumbe: nueve de Argentina, seis de Paraguay, cuatro de Venezuela y tres de Uruguay, informa AP.

Entre los paraguayos estan Sophia López Moreira — hermana de la primera dama del país, Silvana Abdo, y cuñada del presidente, Mario Abdo Benítez — y su familia.

Los medios israelíes reportaron que el cónsul general del país en Miami, Maor Elbaz, cree que 20 de sus compatriotas están desaparecidos.

En esa lista está también Arnie Notkin, un profesor de educación física de primaria ya retirado de la zona de Miami y su esposa, Myriam. Vivían en la tercera planta.

“Todo el mundo está publicando ‘Oh dios mío, fue mi entrenador’”, dijo Fortuna Smukler, una amiga que recurrió a Facebook con la esperanza de encontrar a alguien que dijese que estaban a salvo.

“Eran gente muy feliz, muy alegre. Él siempre tenía una historia que contar y ella siempre hablaba con mucha amabilidad de mi madre”, agregó Smukler. “Al principio había rumores de que habían sido encontrados, pero era un caso de confusión de identidad. Sería un milagro que aparecieran vivos”.

 

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